Cuenta la leyenda que  la imagen de San Sebastián que se venera en el templo de Chepén fue hecha del tronco de un viejo naranjo talado por su propietario, porque el arbolito no producía como en sus buenos tiempos. El corte del naranjo permitió al hortelano ganar espacio, aire y luz para sus plantaciones abandonando el deforme tronco en un rincón del huerto.

Cierto día un hombre aficionado a la escultura observó detenidamente el viejo tronco, llamándole la atención su forma casi de un cuerpo humano por la que pidió y obtuvo permiso del dueño para labrarlo y pulirlo hasta que logró la imagen de San Sebastián que luego fue presentado por el propietario.
El hortelano, al contemplar el fino y delicado trabajo del artista y en lo que se había convertido el pedazo de madera que sin mayor importancia ocupaba sitio y estorbaba en el huerto, exclamó: ¡San Sebastián, naranjo te conocí…todos los milagros que hagas, me los pones aquí!,  al tiempo que se señalaba la nariz.
La leyenda añade que el artista que esculpió la imagen de San Sebastián de Chepén era sordo de nacimiento y recuperó  totalmente la audición tan luego San Sebastián fue colocado en el altar de su templo.
En torno al origen de la imagen de San Sebastián, un buen sector de la población reconoce que cuando era inminente la invasión chilena, el párroco y los fieles escondieron al patrón y las joyas de la Iglesia en los arenales de las faldas del cerro, dejando marcas que identificaban el sitio del entierro, señales que el tiempo se encargó de hacerlas desaparecer. Por eso, cuando fueron en busca del entierro no encontraron nada y cansados de buscar abandonaron la empresa y todo pasó al olvido.
Como tenía que suceder, porque la leyenda tenía que tener sustento y la fe base, cierto día un pastor que deambulaba por las faldas del cerro vio que del arenal emergía paulatinamente la imagen de San Sebastián, víctima del susto y la sorpresa dio parte a la gente que acudió presurosa para rescatar y trasladar al patrón a su altar, desde el cual protege permanentemente a los chepenanos, cuidando sus campos y bendiciendo sus cosechas.
La tradición y la leyenda en torno al origen de la imagen de San Sebastián, Patrón de Chepén, se sustenta en la fe y creencia de estos relatos que toman fuerza por la religiosidad popular tan generalizada en nuestro distrito, y mantienen año a año inquebrantable la devoción a San Sebastián, “Defensor de la Iglesia” y Santo Patrón del distrito de Chepén.